jueves, 14 de febrero de 2019

Crema de calabaza

Por fin he podido sentarme delante del ordenador y redactar una nueva entrada. Ha sido un poco más tarde de lo previsto debido a una recaída de la gripe, pero lo importante es que aquí estoy, y vengo con una receta que seguro que la mayoría la conocéis de sobra, pero como todavía no la tenía en el blog, hoy le tocó su turno.
Lo curioso es que tengo recetas en la carpeta de borradores, esperando salir a la luz, desde hace casi dos años, y de repente el otro día mi prima y vecina, Josefa, me enseño en el móvil la foto de una crema de calabaza que había preparado en su casa días atrás, y me entró antojo de ella, así que en cuanto tuve oportunidad allá me fui al supermercado a comprarme una hermosa calabaza para prepararla, y como las dos últimas recetas que he publicado en el blog han sido dulces, creí que ya tocaba algo salado, así que le saqué una foto y aquí va la receta.
He de deciros eso sí, que es una foto que no le hace justicia, primero porque en temas de fotografía mis conocimientos son muy escasos por no decir nulos, y segundo porque pese a ser una crema de calabaza tiene un color muy desvaído, y eso se debe a dos motivos: para que tuviera un color naranja más intenso habría que añadirle más zanahoria de la que yo le he puesto, y segundo que lleva nata, y eso también le resta color, pero a cambio le aporta una suavidad y una cremosidad que me encantan.  
Os dejo ya con la receta
Ingredientes:
-1 kg. de calabaza cacahuete (curcubita moschata)
-2 patatas medianas
-1 cebolla grande ó 2 medianas
-3 dientes de ajo
-2 zanahorias
-1,2  litros de caldo de ave o de verdura
-sal
-aceite de oliva virgen extra
-150ml. de nata líquida
-pimienta recién molida
Preparación:
Comenzamos poniendo una olla al fuego y cubrimos el fondo de la misma con aceite de oliva virgen extra. A continuación añadimos la cebolla y la zanahoria peladas y picadas, los ajos pelados y cortados por la mitad (sin el germen interior) y rehogamos todo junto unos minutos removiendo de vez en cuando.
Mientras se rehoga la verdura de la olla, lavamos, pelamos, retiramos las semillas y picamos la calabaza. Para esta receta yo siempre uso la conocida como calabaza cacahuete (curcubita moschata)
Cuando las verduras estén tiernas, añadimos a la olla la calabaza y rehogamos todo junto unos minutos más. Después añadimos las patatas cortadas en trozos, salamos, cubrimos con caldo de ave ó verduras, y dejamos al fuego hasta que al pinchar las patatas y la calabaza con un tenedor notemos que están hechas. En ese momento apagamos el fuego, trituramos con la batidora, y luego rectificamos de sal, echamos un poco de pimienta recién molida y la nata líquida. Removemos bien con una espátula o con un batidor manual de varillas, encendemos de nuevo el fuego, y en cuando veamos que empiezan a salir burbujas (sin que llegue a hervir) apagamos el fuego y ya tenemos nuestra crema de calabaza lista para servir.
El secreto de esta crema de calabaza, y de cualquier crema de verduras en general, radica en rehogar bien las verduras, emplear un caldo de verduras o de ave (mejor que agua del grifo) y por supuesto en emplear un buen aceite de oliva virgen extra. Haciéndolo así el éxito está asegurado.
Y poco más por hoy, sólo me queda despedirme hasta dentro de unos días que volvamos a vernos con una nueva receta. Mientras sed muy felices.
Un saludo

viernes, 1 de febrero de 2019

Rosquillas de aire bañadas en merengue


Una de mis metas para este año era atender un poco más el blog, pero de momento no ha sido posible, una infección de garganta ha sido la causante. Afortunadamente ya estoy mejor, y espero poco a poco y de una vez por todas recuperar tanto el ritmo de las  publicaciones como de las visitas a los blogs amigos.
Para compensar esta larga ausencia, hoy os traigo un lujo de receta, se trata de unas rosquillas que seguro habéis visto a la venta en más de un puesto ambulante en alguna de las romerías o ferias que hay por los pueblos de nuestro país, y también cómo no en algunas  pastelerías. Os hablo de las rosquillas de aire bañadas en merengue, una auténtica delicia para el paladar, ricas por sí solas, pero que si las acompañamos de un café con leche calentito por la mañana ya son los más, y si es en un día de frío invierno como los que tenemos esta semana aquí por el norte, tenéis un desayuno perfecto para entonar el cuerpo y afrontar el día con más energía.
Os dejo con la lista de ingredientes y la preparación, espero que os animéis a elaborarlas en casa, porque en contra de lo que pueda parecer no entrañan ninguna dificultad, y el resultado os sorprenderá segurísimo. Salen tal cual las compradas, pero hechas por uno mismo con sus propias manos, que eso para los amantes de la cocina supone una satisfacción indescriptible.
Ingredientes (a mí me salieron 16 rosquillas):
-12 yemas de huevo
-2 huevos enteros
-2 cucharadas de manteca de cerdo
-8 gotas de esencia de anís (yo lo compro en la farmacia, de la marca Arconsa. Si se la pedís a vuestro farmacéutico seguro que os la consigue, viene en unos botecitos de cristal de 15ml, y os da para muchas veces porque es un producto  muy concentrado, de hecho debéis tener cuidado de no excederos, sino arruináis la masa. Si no conseguís esta esencia utilizad en su defecto medio vaso de licor de anís, y una cucharadita de anises en grano machacados en el mortero)
-harina de fuera (la que admita)
-una pizca de sal
 Para el baño de merengue
-250gr. de claras
-250gr. de azúcar glas
-500gr. de azúcar normal
Elaboración:
En un cuenco amplio echamos las yemas y los huevos, batimos ligeramente, añadimos entonces la manteca de cerdo, la sal y la esencia de anís, seguimos batiendo unos minutos más y luego vamos añadiendo la harina tamizada poco a poco a poco, primero con el batidor de varillas y luego con una espátula o una cuchara de madera para facilitar la labor, hasta obtener una masa cremosa y bastante pegajosa. En ese momento, dejamos de añadir más harina, tapamos el cuenco con papel film, y lo dejamos reposando en el frigorífico durante al menos una hora.
Después del tiempo de reposo, precalentamos el horno a 200º calor arriba y abajo, y mientras vamos haciendo las rosquillas, para lo cual embadurnamos las manos con aceite, cogemos una porción de masa, le hacemos un agujero en el centro y lo vamos alargando hasta darle la forma deseada. 
Os aconsejo que no las hagáis muy grandes, tan solo un poco más que los famosos donettes, porque luego crecen mucho en el horno. Por ese mismo motivo, cuando las coloquéis en la bandeja dejad bastante espacio entre ellas.
Cuando hayamos terminado de dar forma a las rosquillas, colocamos la bandeja en la parte central del horno. El tiempo ya lo vais viendo vosotros, porque cada horno es un mundo. En el mío están sobre 20 minutos, los primeros 10 a 200º, y los 10 siguientes a 170º. Si veis que se doran demasiado por arriba y aun no están hechas del todo, cubridlas con papel de aluminio por encima.
Sabréis que están hechas si al mirarlas por abajo tienen el mismo color dorado que por arriba, de no ser así es que el interior aun está crudo y debéis proseguir con la cocción unos minutos más, porque de lo contrario, si las sacáis del horno en ese momento, bajan de volumen en un tiempo récord, quedan todas aplastadas, y luego aunque las devolváis al horno ya son irrecuperables, de modo que la comprobación tiene que hacerse con las rosquillas dentro del horno.
Cuando estén hechas (nunca antes), se sacan del horno y se dejan enfriar sobre una rejilla (En este momento notaréis que pese a ser unas rosquillas bastante voluminosas son muy ligeras, vamos que pesan muy poco, porque el interior está ahuecado, por eso se las denomina rosquillas de aire, así que no preocuparos que es señal de que ha ido todo bien durante la cocción)


Después se pincelan por ambos lados con el merengue que hice en la thermomix siguiendo estos pasos:
1-Colocamos la mariposa en las cuchillas, y añadimos al vaso las claras y el azúcar normal, y programamos 4 minutos / 70º / velocidad 1 ½ 
2- Dejamos enfriar hasta que la temperatura alcance los 37º, y en ese momento programamos 3 minutos / velocidad 3 ½ y vamos añadiendo poco a poco el azúcar glas por el bocal.
Al final nos quedará un merengue muy firme, con el que pincelaremos las rosquillas por ambos lados, y las dejamos secar a temperatura ambiente, o bien colocando la bandeja dentro del horno, con una temperatura no superior a 50º.
Cuando el merengue de las rosquillas esté seco, si las tuvimos en el horno para que se secaran, las dejamos enfriar por completo,  y luego las podemos guardar en una lata, donde se conservan varias días, suponiendo que duren, jeje...


Bueno, pues hasta aquí la receta de hoy. Este domingo es 3 de febrero, día de San Blas, y seguro que en muchos pueblos de nuestro país en los que se celebra esta festividad, entre los que por cierto se encuentra el mío, seguro que encontráis a la venta rosquillas como estas, pero dado que el mal tiempo reinante no invita mucho a salir de casa, animaros y preparadlas vosotros mismos. Insisto que aunque parece una receta muy laboriosa, no lo es tanto, y están absolutamente deliciosas.
Y sin más me despido por hoy, nos vemos de nuevo dentro de unos días, espero.
Un beso y gracias por seguirme. Feliz fin de semana a tod@s.