lunes, 30 de abril de 2018

Champiñones al ajillo

En Galicia no hay pueblo que no cuente con su propia fiesta gastronómica, y al mío lo tocó el turno este pasado fin de semana cuando se celebró la XXIX Festa do Champiñón, cita culinaria de exaltación de este hongo que se encuadra dentro del marco de las actividades programadas con motivo de la   Feira Multisectorial e de Maquinaria Agrícola Expo Ordes 2018.
Todos los años, el último fin de semana del mes de abril se celebra este evento con la presencia de numeroso público de las localidades cercanas,   siendo el domingo cuando tiene lugar el principal acto del mismo, con la degustación gratuita de champiñones con cada consumición, en los numerosos establecimientos hosteleros de Ordes.
Este año no acudí a la cita anual, pero no quería  pasar ese día sin probar los champiñones, así que los preparé en casa. La receta elegida   fue la de champiñones al ajillo, una forma fácil y rápida de degustar un delicioso plato de champiñones, y como se trata de una receta que aún no tenía publicada en el blog, me pareció que era el momento ideal para que viera la luz.
Ingredientes (como plato único para 2 personas):
-500gr. de champiñones frescos, limpios y laminados
-65 gr. de jamón curado, en taquitos
-4 dientes de ajo
-aceite de oliva virgen extra
-1/3 de guindilla (prescindir de ella los que no se encuentran comer picante)
-1/2 copa de vino blanco (opcional)
-sal
Preparación:
Ponemos una olla o sartén al fuego y cubrimos la base con aceite de oliva virgen extra. Mientras el aceite se calienta pelamos los ajos, los abrimos por la mitad y les retiramos el germen central, luego los añadimos al aceite y dejamos que se doren. Cuando empiecen a coger un color dorado, agregamos los taquitos de jamón, rehogamos un par de minutos, sin dejar de remover, a continuación retiramos los ajos y añadimos los champiñones, laminados y bien limpios, añadimos también la guindilla y la sal, cuando levante de nuevo el hervor añadimos el vino blanco, y los dejamos que se vayan haciendo a fuego medio hasta que se consuma todo el líquido del vino y el que sueltan los propios champiñones al cocerse. Después retiramos la guindilla, emplatamos y servimos.
Con un buen pan de pueblo y una caña bien fresquita, están para chuparse los dedos. Teniendo en cuenta además que son una fuente importante de antioxidantes, ricos en vitamina D, selenio, sodio, potasio y fibra, su consumo es muy beneficioso para el organismo, así que no hay excusas para no preparar un plato tan rico y tan fácil como el que os propongo. 
Nos vemos en unos días con una nueva propuesta, hasta entonces sed muy felices.



martes, 24 de abril de 2018

Carne ó caldeiro

Después de unos días bastante desconectada del mundo virtual, sin que haya un motivo concreto, simplemente por cansancio y desgana, tal vez debido a que por fin la primavera  hizo acto de presencia en todo su esplendor, y con ella la astenia propia de esta época, aunque pese a ello y a las alergias, sigue siendo mi estación preferida, así que retomo la actividad en el blog con más ganas que nunca, y para hoy os propongo una receta que a pesar de ser típica de mi tierra, hace muy poco tiempo que la degusté por primera vez. Os hablo de la “carne ó caldeiro”
Aquí en Galicia no hay feria o romería que se precie, que no cuente con al menos un puesto de pulpo, en el que además de ofrecer el tan conocido “pulpo á feira” es frecuente que ofrezcan también churrasco y “carne ó caldeiro”
Al principio tenía ciertas reticencias a comer carne de res cocida en agua y ese fue el principal motivo por el que he tardado tanto en decidirme a probar este plato, y cuando hace algo más de un mes me lo ofrecieron en un local de menú del día me atreví con él y  logré comer casi la mitad, y teniendo en cuenta lo tiquismiquis que soy ya fue un logro.
El por qué me da repelús comer carne de vacuno cocida no lo sabría decir, quizás se deba a que en casa cuando comíamos esta carne casi siempre era o bien en guisos, para lo cual había sido rehogada en aceite previamente, o bien en las brasas, a la parrilla.
Desde esa primera experiencia en el restaurante, ya he preparado este plato en casa dos veces, y seguro que quedan muchas más... El día que me lo dieron en el restaurante me gustó lo suficiente como para comer casi la mitad del plato, y luego la primera vez que lo preparé en casa me gustó aun más, y la segunda vez  más todavía, y es que hay que ir dejando atrás los prejuicios absurdos con la comida, y más ahora que en el carrefour ya venden gusanos e insectos, jeje…
Bueno, no me enrollo más y os dejo con la receta, veréis qué fácil es
Ingredientes:
-1kg. de carne de falda de ternera preferiblemente con hueso
-1/2 kg. de patatas
-1 trozo de "unto" no muy grande (si no encontráis utilizad un trozo de tocino)
- aceite de oliva virgen extra
-sal gruesa
- Pimentón de la Vera
Preparación:
Como suele ocurrir en platos tan sencillos y con tan pocos ingredientes como este, es conveniente que los ingredientes sean de buena calidad, no solo la carne, sino  también el pimentón y el aceite con el que la aliñamos. De la calidad de la materia prima dependerá en gran medida el resultado final.
En la carnicería pedid carne de ternera para cocer, y que os la den en una sola pieza, luego la  troceáis una vez cocida.
Aclarado lo anterior, procedemos con la elaboración del plato, para lo cual ponemos una olla grande con agua al fuego, añadimos un trozo pequeño de unto y un poco de sal (no mucho porque luego salamos por encima cuando  la aliñemos) Cuando comience a hervir añadimos la carne y dejamos que se cueza a fuego medio procurando que esté todo el tiempo cubierta de agua, hasta que esté tierna. En ese momento la retiramos a otra olla u otro cuenco donde no pierda el calor, y añadimos un chorro del agua de cocción.
En el agua que queda en la olla en la que hemos cocido la carne, añadimos las patatas, peladas y enteras, dejamos cocer durante aproximadamente 20 minutos. Cuando estén cocidas las retiramos a una fuente junto con la carne, espolvoreamos por encima un poco de sal gruesa, un poco de pimentón de la Vera dulce (yo además del dulce le pongo una pizquita del picante), y regamos por encima con un chorro generoso de un buen aceite de oliva virgen extra, y listo ya para servir a la mesa.
Una última recomendación, el agua sobrante de cocer la carne no la tiréis, la podéis congelar en un tupper para utilizarla cuando necesitéis un fondo de carne, o bien para hacer una sopa por ejemplo.
Como veis una receta de lo más sencilla y saludable que os animo a preparar.
Y por hoy nada más, nos vemos con una nueva receta dentro de unos días, espero que no tantos como en esta ocasión, mientras que seáis muy felices. 
Besos a tod@s

domingo, 1 de abril de 2018

Cordero pascual dulce y monas de pascua 2018

El cordero tiene una especial simbología para cristianos y judíos. Su comportamiento y apariencia le ha convertido en el animal del sacrificio por excelencia. Es sinónimo de mansedumbre, obediencia y dulzura, así como de inocencia y pureza por su color blanco.
En las escrituras del Antiguo Testamento se relata el sacrificio del cordero para celebrar la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto.
En el Nuevo Testamento Juan el Bautista se refiere a Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo".
Esta simbología se ha mantenido hasta la actualidad, y tal día como hoy, Domingo de Pascua, el cordero tiene un especial protagonismo en la cocina, incluso en repostería, bien sea en galletas, figuras de chocolate, etc.
Tal día como hoy las pastelerías de muchos países europeos como Alemania, República Checa o Francia lucen en sus escaparates unos pasteles con forma de cordero. Se trata de un bizcocho tipo genovés con aroma de vainilla que tradicionalmente se hace en Pascua y se regala a los niños. Es el equivalente en esos países a nuestras monas de Pascua.
El molde que se utiliza para preparar este bizcocho y darle la forma característica consta de dos piezas de metal con un revestimiento antiadherente y con unos enganches laterales, pero el sistema de cierre nunca es del todo perfecto y es frecuente que parte de la masa se cuele por las ranuras, para evitarlo  un truco es engrasarlo previamente (bien con spray desmoldante o bien con mantequilla y harina) y luego cuando encendemos el horno para precalentarlo introducimos el molde, y cuando el horno esté caliente lo retiramos y vertemos la masa del bizcocho, la cual al entrar en contacto con el molde, al estar caliente ya queda adherida a la superficie y no se cuela. Una vez tengamos toda la masa dentro lo devolvemos al horno para que se cocine. En este caso yo no hice esta operación, pues la masa pese a ser muy ligera no se cuela por las rendijas debido a que en este tipo de bizcochos se introduce bastante aire en la mezcla, lo cual la convierte en muy espumosa y no se derrama, pero para otro tipo de masas os puede ser de utilidad este truco que venía impreso en el manual de instrucciones.
El molde que yo tengo lo compré en un reciente viaje a Frankfurt, pero en internet lo encontraréis sin dificultad, y sino utilizáis un molde cualquiera que al final lo que importa es el contenido no el continente, jeje...
Os dejo ya la receta, a ver si os gusta.
Ingredientes:
-125gr. de harina de repostería
-50gr. de azúcar normal
-75gr. de azúcar vainillado
-4 huevos
- 1 cucharadita de levadura química
-una pizca de sal
Preparación:
Antes de comenzar engrasamos bien las dos piezas del molde, y las enharinamos, sacudimos para eliminar la harina sobrante y  luego lo montamos de nuevo.
Seguidamente separamos las yemas de las claras. Al recipiente de las yemas le añadimos el azúcar normal y batimos hasta obtener una mezcla blanquecina que doble el volumen.  
En el recipiente de las claras añadimos la sal, batimos hasta que empiecen a espumar, y luego vamos añadiendo el azúcar vainillado poco a poco hasta montarlas a punto de nieve. Sabremos que están montadas cuando al volcar el recipiente no se caen.
A continuación vamos agregando las claras al recipiente de las yemas, para ello las incorporamos en varias tandas, y con ayuda de una espátula las vamos integrando despacio con movimientos envolventes de abajo hacia arriba para que la mezcla no pierda el aire.
Después tamizamos la harina y la levadura, y las vamos agregando a la mezcla anterior también con movimientos suaves de abajo hacia arriba.  Cuando hayamos terminado echamos la masa en el molde y lo introducimos en el horno, en la parte baja del mismo, con calor abajo  durante aproximadamente 30 minutos. Para saber si está cocido pinchamos con un palillo y si sale limpio es que ya está listo, sino continuamos horneando unos minutos más.
Si vemos que se dora demasiado por la parte de arriba lo tapamos con papel albal.
Por último cuando esté listo retiramos el molde del horno, esperamos diez minutos antes de desmoldar, y luego retiramos los enganches del molde con cuidado y lo sacamos.
Cuando esté frío cubrimos con azúcar glass y le ponemos al cordero un lazo en el cuello como manda la tradición.
Y esta ha sido mi propuesta de hoy. A continuación os enseño las  Monas de Pascua que hice este año. Si queréis hacerlas  podéis ver una receta pinchando aquí, y pinchando aquí podéis ver otra.

Mona tradiconal de Pascua decorada
Monas de pascua envueltas para regalo
Y por hoy nada más, solo desearos que disfrutéis de este Domingo de Resurrección.
Un abrazo